• Hora ideal: Por la mañana, al levantarse, con un vaso grande de agua. O bien, entre comidas, respetando al menos 2-3 horas después de haber comido y 30 minutos antes de la siguiente comida.

  • Excepción para estómagos sensibles: Si la acidez del ácido ascórbico le causa molestias gástricas (ardor, náuseas), puede optar por formas tamponadas (como ascorbato de sodio) o tomarla con una cantidad mínima de alimento bajo en carbohidratos y sin los compuestos secuestradores mencionados, como unos frutos secos o una pequeña porción de aguacate. Aunque esto reduce ligeramente la absorción, es preferible a no tomarla o sufrir efectos adversos.

  • Consistencia: Sea cual sea el horario elegido, la constancia es clave. Incorporar este hábito simple puede marcar una diferencia significativa en los niveles sistémicos de este vital antioxidante.

En resumen, tomar vitamina C con el estómago vacío no es un mito, sino una estrategia fundamentada en la ciencia de la absorción de nutrientes. Al evitar la competencia con la glucosa, el secuestro por otras moléculas y la degradación prematura, garantizamos que esta poderosa vitamina llegue a donde más se necesita: a sus células.