Gedunina: Modula la señalización celular y anti-proliferativo metabólico. Interfiere con las rutas de señalización pro-inflamatorias que perpetúan la resistencia a la insulina. Su presencia es crucial para restaurar el "diálogo" bioquímico entre las citoquinas y la maquinaria metabólica celular.
Azadiradiona: Tiene acción anti-adipogénica y estabilizador metabólico. Modula la diferenciación de pre-adipocitos. En el contexto de la diabetes tipo 2, limita la hipertrofia del tejido adiposo visceral, reduciendo la liberación de ácidos grasos libres circulantes que, de otro modo, causarían resistencia a la insulina en el músculo y el hígado.
Consumo y dosis típica
Aunque las semillas de los frutos del neem tienen muchas propiedades terapéuticas, tópicas e internas, el potencial antidiabético del neem está en sus hojas. La forma más común y sencilla de aprovechar sus propiedades es hacer té con las hojas secas (preferiblemente molidas o trituradas), para lo cual suele usarse 2 o 3 gramos para cada taza de té; y si la hoja está fresca, se usan 4 o 5 gramos para cada taza de té. La decocción también es un método adecuado para extraer sus propiedades.
Además, las hojas de neem se comercializan en cápsulas con el polvo o con el extracto de éstas, siendo el extracto más concentrado y potente que el polvo. El polvo, básicamente, es la hoja seca pulverizada, sin pasar por ningún proceso bioquímico; el extracto no es la hoja en sí, sino un concentrado que se obtiene mediante procesos bioquímicos.
En cuanto a la dosis, por ejemplo, si se trata de un extracto de la hoja, bastaría con tomar 300–500 mg una o dos veces al día; pero si se trata del polvo de la hoja, la dosis puede ascender hasta 1500 mg dos veces al día. Debido a su potencia sistémica, recomiendo realizar ciclos: 4-6 semanas de uso por 2 semanas de descanso.
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