• El resveratrol protege a los fibroblastos del daño causado por los rayos UV y el estrés oxidativo, estimulando la retención de colágeno natural y preservando la elasticidad cutánea [14].

  • 6. Los telómeros y la epigenética

    Para comprender a fondo el impacto de la longevidad celular, es indispensable explorar el núcleo de nuestras células, donde reside el manual de instrucciones maestro: nuestro ADN. Sin embargo, poseer una secuencia genética saludable no lo es todo; la clave radica en cómo se protege y cómo se lee esa información a lo largo del tiempo. Aquí es donde convergen dos de los pilares más críticos del envejecimiento biológico: el desgaste de los telómeros y el caos epigenético.

    El reloj biológico

    En los extremos de cada uno de nuestros cromosomas existen unas estructuras protectoras llamadas telómeros. Actúan exactamente como los capuchones plásticos al final de las agujetas de los zapatos: su única función es evitar que el material genético se deshilache, se fusione erróneamente o se degrade.

    El problema biológico fundamental es que nuestras células necesitan dividirse constantemente para regenerar los tejidos, pero la enzima encargada de duplicar el ADN es incapaz de copiar el extremo final del cromosoma. Debido a este fenómeno (conocido como el “problema de la replicación terminal”), cada vez que una célula se divide, sus telómeros se acortan inexorablemente.