Pues bien, el NMN es el peldaño anterior inmediato al NAD+ en la escalera de la vida celular, lo que científicamente llamamos un precursor directo. Tu cuerpo no fabrica este compuesto en un órgano centralizado como el hígado, sino dentro del citoplasma y el núcleo de prácticamente cada una de las células de tu organismo, utilizando un sistema de reciclaje interno hiperficiente conocido como la vía de salvamento.

A. El declive natural del NAD+

El gran problema biológico es que, a medida que envejecemos, los niveles de NAD+ caen naturalmente en picada. Al llegar a los 50 años, un ser humano promedio tiene la mitad del NAD+ que tenía en su juventud, y a los 80 años esa reserva puede bajar hasta un alarmante 10% [6]. Esta escasez ocurre por dos razones: nuestro cuerpo lo fabrica más despacio y, al mismo tiempo, el desgaste diario y la inflamación crónica de la edad crean “goteras” genéticas que consumen el poco NAD+ que nos queda para reparar los daños [7]. Cuando el NAD+ escasea, las mitocondrias empiezan a fallar. Es el equivalente a que tu teléfono móvil intente funcionar con un 1% de batería de forma permanente.

B. ¿De dónde proviene el NMN?

La materia prima fundamental para la producción de NMN es la nicotinamida (NAM), una forma específica de vitamina B3 cuya presencia en el entorno celular tiene un doble origen. Por un lado, proviene directamente de nuestra dieta diaria a través del consumo de alimentos ricos en este nutriente, como las carnes rojas, el pescado, las aves y las legumbres. Por el otro, se genera de forma interna como un desecho constante que queda flotando en la célula cada vez que tus sirtuinas consumen energía para reparar el cuerpo. 

Independientemente de si la vitamina B3 proviene de lo que comemos o del reciclaje celular, esta es capturada de inmediato por una enzima maestra llamada NAMPT. Esta enzima se encarga de fusionarla con una molécula de D-ribosa y fosfato llamada fosforribosil pirofosfato (PRPP), dando origen directo a la estructura del NMN.