La síntesis de glutatión ocurre en dos pasos fundamentales, mediados por las enzimas gamma-glutamilcisteína sintetasa (GCL) y glutatión sintetasa. En primer lugar, la GCL combina glutamato y cisteína, lo que da lugar al compuesto gamma-glutamilcisteína; seguidamente, la glutatión sintetasa une esta molécula con la glicina, formando finalmente el glutatión [1]. Esta producción depende en buena medida de la disponibilidad de cisteína, considerada el aminoácido más limitante en el proceso [2]. Por ello, una dieta rica en fuentes de azufre (como vegetales crucíferos y alimentos proteicos de calidad) y ciertos cofactores vitamínicos y minerales puede optimizar la capacidad del organismo para fabricar este valioso antioxidante [6].
FUNCIONES Y EFECTOS DEL GLUTATIÓN EN EL CUERPO
El glutatión actúa como defensor principal contra el estrés oxidativo, neutralizando los radicales libres antes de que produzcan daños en proteínas, lípidos y ADN [3]. Esta defensa es de vital importancia para prevenir mutaciones y fenómenos proinflamatorios que pueden conducir a enfermedades crónicas, como la aterosclerosis y el cáncer [7]. Además, el glutatión participa en la regeneración de otros antioxidantes, como las vitaminas C y E, manteniéndolas en su forma activa y potenciando así la capacidad antioxidante global del organismo [2].
En la detoxificación, el glutatión cumple un papel medular al conjugarse con metales pesados y diversas toxinas, facilitando su excreción por vías biliares y urinarias [8]. En el hígado, concretamente, se asocia con las enzimas del sistema citocromo P450 para convertir sustancias potencialmente dañinas en compuestos más solubles y menos tóxicos, listos para su eliminación [1]. Adicionalmente, el glutatión desempeña un rol significativo en la modulación del sistema inmunológico, colaborando con las células T y células NK (Natural Killer) para reforzar las defensas del organismo [9].