a) Autofagia
¿Te suena familiar esta palabra? ¿No? “Autofagia” es el término (procedente de las palabras griegas “auto”, que significa “uno mismo”, y “fagui”, que significa “comer”) que describe el mecanismo mediante el cual las células degradan y reciclan componentes dañados o innecesarios para mantener su salud y funcionamiento [3]. Durante la autofagia, las partes defectuosas de la célula se envuelven en vesículas llamadas autofagosomas, que luego se fusionan con los lisosomas (orgánulos encargados de la degradación) para descomponer estos materiales [4]. Este proceso ayuda a eliminar proteínas mal plegadas, organelos dañados y otras estructuras celulares no deseadas, contribuyendo así a la homeostasis celular y protegiendo contra enfermedades [5].
El reciclaje es una de las bases de la supervivencia celular, ya que permite reducir los desechos celulares, preservar la energía celular y adaptarse a los diferentes cambios al regular la abundancia de los componentes intracelulares [6]. Pero a diferencia de lo que se creía antiguamente, la autofagia no solo se basa en un proceso de reciclaje de proteínas, sino que contribuye a mantener un balance energético positivo a través de la degradación y utilización de organelos, glucógeno o lípidos [7]. A su vez, también se ha observado la participación de la autofagia en diversos procesos como la diferenciación celular, la remodelación de tejidos, el control del crecimiento y la defensa celular [8].
Interesante, ¿no? Pero ¿cómo o en qué circunstancias se activa este proceso? Esto es lo que realmente nos interesa saber. La autofagia se activa en situaciones de estrés celular o cuando la célula necesita mantener su equilibrio; por ejemplo, cuando se realiza ejercicio físico intenso, y cuando hay escasez de nutrientes o suceden restricciones calóricas [9]. Así que, al hacer ejercicio físico intenso, más allá de la estética y del anabolismo, inducimos este hermoso proceso reparador.
La razón por la que la autofagia se activa durante el ejercicio físico intenso, es por una respuesta a las demandas metabólicas que presenta el cuerpo [10]. Durante la actividad física, los músculos utilizan energía y pueden sufrir estrés, lo que desencadena varios mecanismos de adaptación, incluyendo la autofagia [11]. Este proceso contribuye al reciclaje de componentes celulares y al aumento de la eficiencia energética; porque al reciclar componentes celulares, las células obtienen sustratos para generar más energía cuando es necesario [12]. Además, puede contribuir a la adaptación muscular y promover cambios beneficiosos en las células musculares para mejorar su resistencia y rendimiento [13].
En cuanto al momento en que se activa la autofagia inducida por el ejercicio físico: Este proceso puede comenzar durante el ejercicio mismo y continuar activándose después de concluirlo [14]. El tiempo exacto depende del tipo e intensidad del ejercicio realizado; sin embargo, generalmente se observa un aumento más significativo en la actividad autófaga posteriormente al ejercicio, cuando el cuerpo está en fase de recuperación [15].
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