2.2. Adaptaciones cardiovasculares y hormonales

Perfil de estrés agudo controlado

El estrés cardiovascular inducido por los sprints se caracteriza por su naturaleza de alta intensidad y corta duración, creando un perfil de “pico y valle” radicalmente diferente al estrés sostenido de la carrera de fondo. Durante un sprint de 30 segundos, la frecuencia cardíaca se eleva a valores cercanos o iguales al máximo, y la presión arterial sistólica puede dispararse de forma significativa. Sin embargo, este estrés extremo es breve y está intercalado con períodos de recuperación activa o completa. Este patrón intermitente es fundamental: somete al miocardio a una sobrecarga de presión transitoria que fortalece la pared muscular del ventrículo izquierdo, mejorando la contractilidad y el gasto cardíaco, pero sin la duración necesaria para generar el daño por estrés oxidativo e inflamatorio sostenido que caracteriza a las pruebas de resistencia.

Esta alternancia entre esfuerzo máximo y recuperación constituye un entrenamiento excepcional para el sistema nervioso autónomo, en particular para el componente parasimpático (vagal). Tras cada sprint, el sistema se ve obligado a iniciar una recuperación rápida, reduciendo la frecuencia cardíaca y restableciendo la homeostasis. Con la práctica repetida, esta capacidad de recuperación se ve potenciada, lo que se manifiesta en una mayor variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC) y una rápida disminución de la frecuencia cardíaca post-esfuerzo. Estas adaptaciones son marcadores de un corazón eficiente y un sistema nervioso autónomo con un buen tono vagal, asociado a un menor riesgo de arritmias y a una mejor salud cardiovascular general.

En esencia, el sprint aplica un principio de hormesis al sistema cardiovascular: un estímulo agudo y controlado que, lejos de ser perjudicial, induce adaptaciones beneficiosas. El corazón y los vasos sanguíneos aprenden a manejar picos extremos de demanda y a recuperarse con eficacia, construyendo una resiliencia que no se logra mediante la constante y monótona carga de la carrera de fondo. Este modelo entrena la capacidad de respuesta y recuperación del sistema, en lugar de su mera resistencia a la fatiga, evitando al mismo tiempo la cascada inflamatoria y el estrés oxidativo prolongados que son inherentes a las distancias largas.