• Las carreras de larga distancia representan un desafío fisiológico extremo que, si bien puede inducir adaptaciones positivas como una capacidad aeróbica excepcional, conlleva un perfil de riesgo significativo relacionado con el estrés oxidativo, inflamatorio, mecánico y endocrino crónico. Su práctica a niveles competitivos o sin la debida periodización y recuperación puede ser perniciosa para la salud a largo plazo.

  • Los sprints, por otro lado, ofrecen un estímulo de alta calidad que promueve adaptaciones cardiovasculares, metabólicas y musculoesqueléticas robustas con una inversión de tiempo menor y un perfil de estrés sistémico crónico potencialmente más bajo. Su principal limitante es el requerimiento de una base de condición física adecuada para ejecutarlos con seguridad y minimizar el riesgo de lesiones agudas.

La evidencia sugiere que, para la población general que busca optimizar la salud y minimizar el desgaste orgánico, un enfoque que incorpore el entrenamiento por intervalos de alta intensidad (como los sprints) dentro de un programa equilibrado que también incluya fuerza y movilidad, puede ser una estrategia más eficiente y sostenible que la práctica exclusiva y voluminosa de carreras de larga distancia. La clave, en cualquier caso, reside en la individualización, la progresión y la recuperación.