• Sistema ubiquitina-proteasoma: El daño muscular y el estrés metabólico activan la vía de degradación de proteínas más importante de la célula, el sistema ubiquitina-proteasoma. En este sistema, las proteínas dañadas o innecesarias son "marcadas" con ubiquitina y posteriormente degradadas en el proteasoma. El ejercicio de resistencia extrema y de larga duración ha demostrado aumentar la expresión de genes clave en esta vía (como las ligasas de ubiquitina Atrogin-1 y MuRF1), lo que conduce a una pérdida neta de masa muscular.

  • El catabolismo en las carreras de larga distancia no es un solo evento, sino una tormenta perfecta: el daño estructural inicial (excéntrico) desencadena una respuesta inflamatoria que, combinada con el déficit energético y la elevación crónica de cortisol, activa sistemas de degradación proteica (ubiquitina-proteasoma) y utiliza los aminoácidos musculares como combustible. Mientras el atleta se enfoca en cubrir la distancia, su cuerpo puede estar literalmente consumiendo su propio tejido muscular para lograrlo, un estado claramente pernicioso para el mantenimiento de la masa muscular y la fuerza a largo plazo.

    1.2. Sistema cardiovascular

    Estrés miocárdico agudo

    La elevación de biomarcadores cardíacos específicos tras un maratón o prueba de ultraresistencia constituye una evidencia objetiva del estrés agudo que sufre el miocardio. La troponina I cardiaca (cTnI), un componente regulatorio de la maquinaria contráctil de los miocitos y marcador por excelencia para el diagnóstico del infarto agudo de miocardio, muestra aumentos significativos en una considerable proporción de corredores tras una prueba de extrema duración. Este fenómeno no indica necesariamente una necrosis celular masiva como en un infarto isquémico, sino más bien una lesión miocárdica transitoria. Su mecanismo fisiopatológico se atribuye a un combo de factores: la toxicidad directa por catecolaminas, el estrés por cizallamiento en las arterias coronarias, la inflamación sistémica y un posible edema miocárdico leve, que en conjunto aumentan la permeabilidad de la membrana de los miocitos, permitiendo la liberación de troponina al torrente sanguíneo.

    Paralelamente, se observa un aumento del péptido natriurético cerebral (BNP) o su precursor, el pro-BNP. Esta hormona se libera principalmente en respuesta al estiramiento de las fibras miocárdicas de los ventrículos. Durante una carrera prolongada, el volumen sanguíneo y la frecuencia cardíaca se mantienen elevados durante horas, generando una sobrecarga de volumen sostenida que distiende las cámaras cardíacas. La elevación del BNP es, por tanto, un marcador de distensión o estrés de pared” ventricular. En el contexto agudo, promueve la diuresis y la vasodilatación en un intento homeostático por compensar la carga, pero su liberación persistente es un conocido indicador de insuficiencia cardíaca en contextos patológicos.