El impacto generado durante los sprints, aunque de alta intensidad, es de corta duración y aplica fuerzas de reacción ground elevadas y multidireccionales. Este tipo de carga constituye un estímulo osteogénico (formador de hueso) excepcionalmente eficiente. El tejido óseo, gobernado por la Ley de Wolff, se remodela en respuesta a las demandas mecánicas que se le imponen. Las fuerzas de compresión y cizallamiento generadas en cada zancada explosiva del sprint crean microdeformaciones en la matriz ósea, lo que genera potenciales eléctricos piezoeléctricos. Estas señales mecánicas son detectadas por los osteocitos, las células sensoriales del hueso, que actúan como orquestadores de la remodelación. En respuesta, secretan señales bioquímicas que reclutan osteoblastos (células formadoras de hueso) a las zonas de mayor tensión, dirigiendo la deposición de minerales para fortalecer la estructura exactamente donde más se necesita. Este proceso conduce a un aumento neto de la densidad mineral ósea (DMO), particularmente en sitios como el cuello femoral y la columna lumbar, que son cruciales para la potencia y la estabilidad.

En marcado contraste, la carrera de fondo aplica una carga repetitiva de menor magnitud pero de volumen extraordinariamente alto. Mientras que el ejercicio con carga es generalmente beneficioso para la salud ósea, existe un punto de rendimientos decrecientes donde el volumen excesivo puede volverse contraproducente. El ciclo constante de impacto, que puede repetirse decenas de miles de veces en un solo maratón, genera microgrietas por fatiga acumulativa. En un escenario ideal, con una recuperación suficiente, el proceso de remodelación ósea repara estas microgrietas, fortaleciendo el hueso. Sin embargo, cuando el volumen de entrenamiento es tan alto que la tasa de daño supera la capacidad de reparación del cuerpo, las microgrietas pueden coalescer y progresar hasta convertirse en fracturas por estrés. Este fenómeno representa el lado destructivo del continuum de adaptación ósea, donde el estímulo deja de ser constructivo para convertirse en un agente de lesión.

La ventaja del sprint se extiende también a la salud articular. La naturaleza explosiva del movimiento recluta y fortalece de manera integral el complejo sistema musculo-tendinoso que da soporte a las articulaciones. Un músculo más fuerte y potente actúa como un amortiguador dinámico más eficaz, disipando las fuerzas de impacto antes de que lleguen a las superficies del cartílago articular. Por el contrario, en la carrera de fondo, la combinación de fatiga muscular y la repetición incesante del mismo patrón de movimiento biomecánico puede exacerbar desequilibrios musculares preexistentes. Esto conduce a una biomecánica alterada, aumentando las fuerzas de cizallamiento en articulaciones como la rodilla y el tobillo, y acelerando la degradación del cartílago. Por lo tanto, mientras el sprint construye un andamiaje musculoesquelético robusto y resiliente, la carrera de fondo de alto volumen puede, en individuos susceptibles, erosionar la integridad estructural de las articulaciones, promoviendo un ambiente propicio para la osteoartritis prematura.